Ramón de Mesonero Romanos, cronista y bibliotecario perpetuo de la villa de Madrid.

Mi pluma… seguirá, como siempre, el impulso de mi carácter, la libertad de mi pensamiento, que consiste en escribir para todos en estilo llano, sin afectación ni desaliño, criticar sin encono; aplaudir sin envidia, y aspirar en fin, no a la gloria de grande ingenio, sino a la reputación de verídico observador” (Escenas Matritenses – Ramón de Mesonero Romanos)

Calle de Mesonero Romanos

La primera mitad del siglo XIX supuso una auténtica revolución literaria con nuevas tendencias y escuelas fruto de los nuevos credos políticos e ideológicos, cuyo resultado fue una producción de gran personalidad y originalidad. Algunos escritores se introdujeron de lleno en la realidad española sirviéndose del género costumbrista y de los periódicos y revistas de la época, para difundir su particular visión de los grandes cambios que estaba viviendo la conservadora sociedad española. El costumbrismo de principios del XIX pretendía ser una crónica de los profundos cambios que se estaban viviendo en España tras la Guerra de la Independencia, deteniéndose, en ocasiones con nostalgia, en otras con ironía o sarcasmo, en las costumbres, los ritos y hábitos sociales, la vestimenta, la vida ciudadana, la política, la administración, las tradiciones o los rincones pintorescos, condenados a desaparecer ante los continuos cambios de la sociedad, para quedar como un recuerdo de épocas pasadas. Entre estos escritores destacaron por sus especiales dotes de observación, Serafín Estébanez Calderón, Mariano José de Larra y nuestro protagonista: Ramón de Mesonero Romanos.

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Madrid, 31 de mayo de 1906. Una boda real que acabó en tragedia.

ABC VIERNES 1 DE JUNIO DE 1906. UNA BOMBA DE DINAMITA CONTRA EL COCHE REAL.

EL ATENTADO

“Llegaba la comitiva en medio de vítores y aclamaciones a la parte de la calle Mayor, frente a la calle de San Nicolás. La carroza se encontraba a la altura del nº 88 de la calle Mayor, cuando se oyó una formidable detonación. Eran las dos y cuarto de la tarde. La gente se arremolinó, loca de terror, sin saber ni darse cuenta de lo que hubiera pasado”

“Los cuatro troncos de caballos tordos claros que arrastraban el carruaje ocupado por los Reyes, espantáronse, emprendiendo veloz carrera y arrastrando algunos pasos al caballo de varas del lado derecho, que cayó estremeciéndose violentamente y arrojando gran cantidad de sangre. El cochero, herido también, cayó al suelo desde lo alto del pescante”

“El general Aznar, que estaba ante la Capitanía general, acudió con su Estado Mayor al lado de la carroza de los Monarcas. Se vio á la Reina Victoria asomarse a la ventanilla derecha, sacar el busto fuera y hacer ademanes para tranquilizar a la multitud aterrada. Por la misma ventanilla, y con evidentes señales de la tremenda impresión que había recibido, se asomo el Rey”

Atentado Alfonso XIII 1 Atentado Alfonso XIII 2

Así comenzaba la crónica del diario ABC del día 1 de junio de 1906, en la que se daba cuenta detallada, del atentado perpetrado el día anterior por el anarquista Mateo Morral contra los reyes, cuando tras su boda, celebrada en la iglesia de San Jerónimo el Real, “Los Jerónimos”, se dirigían en su carruaje hacia el Palacio Real, donde poco después debía celebrarse una cena de gala, que se suspendió, como muestra de respeto a las víctimas. Sigue leyendo

De la Casa del Ataúd al Edificio Metrópolis.

Mucho ha cambiado el centro de Madrid desde que el 4 de abril de 1910, el rey D. Alfonso XIII, piqueta en mano, diera comienzo a las obras necesarias para la construcción de la Gran Vía. Todo comenzó con el derribo de la Casa del Cura, anexa a la iglesia de San José, en la calle de Alcalá.

Gran Vía 4 - Casa del Cura Gran Vía 4 (2)

Lo que ahora es una de las principales arterias de Madrid, antes no era sino un denso conglomerado urbano, con decenas de manzanas de casas de vecindad, conventos, iglesias y colegios, apiñados en sinuosas y estrechas calles, que pedían una renovación inmediata, una gran avenida que diera un respiro al envejecido, insalubre y trasnochado centro de la capital.

Iglesia de San José y la Casa del Cura Calle Alcalá 13

Y así, con la expropiación de 33 solares y la demolición de casi 300 casas, 15 calles desaparecidas, cambios y recortes en el trazado de otras 34, como la calle de San Miguel o la de Jacometrezo, 14.000 metros de cañerías y 274 farolas eliminadas, 9.000 metros cuadrados de aceras levantadas, y 29.000 metros cuadrados de adoquines, nació la Gran Vía madrileña. Madrid, por fin, había entrado en el siglo XX.

 Calle Alcalá 18 Alcalá 2 (2)

Entre las víctimas de los derribos necesarios para que tan gran obra llegara a buen término, uno de los más significativos de todos fue el de la llamada Casa del Ataúd, por ser uno de los primeros, por su macabro nombre, y por su situación privilegiada, aunque no estuviera situada exactamente en el futuro trazado de la Gran Vía, sino en la calle de Alcalá. Un edificio de 4 plantas, que debido a su forma y su estrechez, los madrileños, con su habitual desparpajo y sentido del humor habían bautizado con tan macabro y tétrico nombre.

Casa del Ataud 5 Casa del Ataud 1 Sigue leyendo