O vendemos puentes o compramos rio. 1ª parte: los puentes históricos sobre el Manzanares

Son 33 los pasos que permiten a los madrileños, bien sea a pie, en coche o en tren, cruzar el Manzanares en su tranquilo discurrir mientras cruza de norte a sur la capital. Sin duda, muchos puentes para tan poco río. Resulta aun mas sorprendente esta cifra si la comparamos con ciudades como Londres, París, Budapest, Nueva York, Tokio o El Cairo, por citar algunas ciudades con ríos de verdad. Porque no nos engañemos, nuestro entrañable Manzanares es un río de andar por casa, casi de juguete, como de maqueta ferroviaria. Un aprendiz de río, del que se llego a decir que era navegable a caballo. De modo que, sinceramente, no creo estar exagerando cuando digo que, o vendemos puentes o compramos río.

“Duélete de esa puente, Manzanares/mira que dice por ahí la gente/que no eres río para media puente/y que ella es puente para muchos mares./Hoy, arrogante, te ha brotado a pares/húmedas crestas tu soberbia frente,/y ayer me dijo humilde tu corriente/que eran en marzo los caniculares” (Luis de Góngora)De todos ellos, hoy me voy a centrar en los puentes históricos, dejando para mas adelante los de nueva construcción, los creados para el proyecto Madrid Río.

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Vallecas descubre su pasado barroco en la capilla de Nuestra Señora del Rosario.

 

La iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula de Vallecas se construyó según un proyecto de Juan de Herrera lo largo del siglo XVI, conservando como elemento más antiguo gran parte de la original torre mudéjar, posteriormente reformada por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII.

El cuerpo de la iglesia mantiene elementos góticos, renacentistas y barrocos y cuenta con varias capillas de gran valor arquitectónico adosadas al templo que se construyeron a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Tiene planta basilical de tres naves con cinco tramos y un presbiterio cuadrado. Los pilares, que dividen las naves, son de fábrica del siglo XVII. La nave central se cubre con bóveda de cañón ligeramente rebajada y con molduras geométricas; las naves laterales, con bóveda de arista. Crucería de combados en el crucero y brazos del crucero con bóveda de cañón y con lunetos. Coro en alto a los pies ocupando el ancho de las tres naves. El templo está declarado Bien de Interés Cultural, la máxima protección que contempla la legislación vigente.

Con motivo de las obras de restauración y conservación que el gobierno regional está realizando en la iglesia desde 2012, se ha logrado recuperar la arquitectura interior del templo proyectada hacia 1670, han salido a la luz restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII que hasta ahora se encontraban ocultos en la capilla de Nuestra Señora del Rosario. El estudio de los huecos de la fachada condujo a los investigadores y restauradores al convencimiento de que tras los muros se ocultaba una capilla anterior. Las nuevas catas y demoliciones realizadas tras llegar a esta conclusión han permitido descubrir restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII, así como un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano. En la actualidad, se intenta confirmar la identidad, tanto del arquitecto y como del autor de la decoración de esta capilla.

Se trata de una capilla-camarín, situada junto a la cabecera de la iglesia, dedicada a la Virgen del Rosario. Una capilla que, a lo largo de los años, ha sido utilizada como sacristía o como capilla del Santísimo. Este tipo de construcción está considerada como una de las aportaciones más originales de la arquitectura barroca española. La capilla de Nuestra Señora del Rosario es el resultado de diversas fases, tanto constructivas como decorativas: una primera fase se habría llevado a cabo durante el primer tercio del siglo XVII, cuando, una vez concluidas las obras de la iglesia, se levantó un camarín de planta cuadrangular cubierto con una bóveda de aristas, con una pequeña puerta adintelada ubicada en el muro norte que permitía la comunicación con el presbiterio y un arco abierto en el muro oeste para colocar la imagen de la Virgen. La bóveda y el arco presentan una decoración vegetal y geométrica a base de azules, verdes, ocres y dorados. En una segunda fase, hacia 1651, se amplió la capilla, dividiéndose el espacio interior en dos, uno cuadrangular cubierto por la cúpula y otro rectangular, más pequeño, con bóveda de cañón, destruyéndose parte de la primitiva bóveda de aristas, quedando el resto oculto. Por último, entre finales del siglo XVII y principios del XVIII la capilla es redecorada de nuevo, en esta ocasión con pinturas atribuidas hasta el momento, al pintor madrileño Juan Vicente Ribera, basándose en la similitud estilística que presenta la decoración, con la capilla de las Santas Formas de  Alcalá de Henares, obra de este artista.

Un hallazgo de gran importancia, por tratarse de uno de los primeros ejemplos de camarín barroco de España, así como de uno de los conjuntos decorativos más interesantes de la región madrileña.

Leyendas y misterios de la Villa y Corte: La Casa de las Siete Chimeneas

Historias de fantasmas, sucesos macabros, hechos inexplicables, siniestras leyendas, cadáveres anónimos…. No hay casa más misteriosa en Madrid que la llamada Casa de las Siete Chimeneas.

Efectivamente, la Casa de las Siete Chimeneas, es probablemente el edificio con más historias misteriosas de Madrid. Este edificio es uno de los escasos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVI que sobreviven en Madrid. Situada a escasos metros de la Gran Vía, en la Calle Infantas, desemboca en una plaza tranquila, la Plaza del Rey. Hoy en día en este edificio, reconocible por las siete chimeneas que se pueden ver en su tejado, es conocido por los madrileños por su historia siempre ligada a hechos trágicos, oscuros y misteriosos.

El edificio original fue construido en el Siglo XVI, según algunas fuentes por el arquitecto António Sillero (aunque otras versiones apuntan a Juan de Herrera) por orden de Pedro de Ledesma, secretario de Indias de Felipe II, quien se la regaló a su hija Elena, como regalo por su boda con el gallardo y apuesto capitán Zapata, destacado miembro de la Armada Española. La boda se celebro a instancias del propio monarca en el convento de San Martín, siendo el padrino de la novia el mismísimo Felipe II, que regalo a la joven siete arras de oro, símbolo, según se decía, de los siete pecados capitales y como advertencia para no caer en ellos.

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