Blas de Lezo y Olavarrieta, un recién llegado a la Villa y Corte de Madrid.

Su historia de valor y heroísmo, sin duda habría sido llevada al cine de haber nacido en Estados Unidos o en Gran Bretaña, pero nació en España, nación treméndamente olvidadiza y desagradecida con sus héroes, de modo que, la heroica figura de Blas de Lezo y Olavarrieta se vio condenada al olvido, muriendo pobre y malherido, para ser enterrado en una fosa común en Cartagena de Indias, sin llegar a tener conocimiento de que Felipe V, el monarca a quien tan fielmente había servido, le había exonerado de todos los cargos presentados en su contra por el virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava y Lazaga. Hubó que esperar al reinado de Carlos III, para que, en 1760, este héroe nacional fuera finalmente rehabilitado, concediéndosele a título póstumo, el marquesado de Ovieto por la “heroica defensa de Cartagena de Indias”, y aun mas, hasta el pasado 15 de noviembre de 2014, para que se le erigiera en la capital de España, un monumento digno de tan insigne personaje.

Blas de Lezo - Museo naval de Madrid

El monumento a Blas de Lezo en los Jardines del Descubrimiento de Madrid.

Hacía ya muchos años, sin duda demasiados, que no se inauguraba en Madrid, monumento alguno dedicado a cualquiera de nuestros numerosos prohombres, hasta que, el pasado 15 de noviembre, esta prolongada sequía tuvo un digno final, con la inauguración en un acto militar  presidido por D. Juan Carlos I, del monumento a Blas de Lezo, en el que el monarca fue recibido con honores militares, por parte de una compañía mixta integrada por dos secciones de Infantería de Marina y una de Marinería. El acto contó con la asistencia, entre otras personalidades, de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, Jaime Muñoz-Delgado y el embajador de Colombia, Fernando Carrillo. Se salda de este modo una deuda histórica con el heroico marino español, que hasta ahora, no contaba con ninguna estatua en la capital de España.

 OLYMPUS DIGITAL CAMERABlas de Lezo - Molde de arcilla Blas de Lezo - Molde de arcilla

Veamos ahora cual fue el proceso de creación: Amaya comenzó creando un armazón metálico sobre el que iba fijando la arcilla necesaria hasta crear las formas básicas de la estatua. Una vez logrados los volúmenes y formas deseados, pasó a modelar el barro, hasta conseguir el resultado deseado. Acto seguido, sacó unos moldes de silicona y escayola con los que en la empresa Fundición Artística de Bronce Fademesa, radicada en Madrid, realizaron mediante el procedimiento de la cera perdida, el fundido en bronce de la estatua definitiva. Como último paso, Amaya procedió a repasar las imperfecciones, para terminar el proceso creativo aplicando la pátina final.

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El resultado final es un monumento de 7 metros de altura, de los que 3 corresponden a la figura del insigne marino, vestido con uniforme de Teniente General de la Armada, que se apoya sobre un pedestal realizado en piedra, donde se pueden ver una placa en bronce con el escudo de la Escuadra Naval del Mediterráneo y una inscripción en la que figura el siguiente texto:

“A Don Blas de Lezo y Olavarrieta 1689-1741 Teniente general de la Armada Española. La nación agradecida erigió este monumento por suscripción popular reinando S.M. el Rey Don Felipe VI. 15 de noviembre de 2014”

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Ha sido financiado en su totalidad por la Asociación Monumento a Blas de Lezo, presidida por Iñigo Paredes, que ha sido la impulsora mediante cuestación popular, apoyada por un grupo de trabajo del que han formado parte,  la Armada Española, la Real Academia Española, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Real Academia de la Historia, la Casa de América y el Instituto de Estudios Madrileños.

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Madrid, 22 de noviembre de 1975 – Juan Carlos I, rey de España

Ese día amaneció con un sol radiante, un cielo azul, luminoso, madrileño hasta el tuétano, sin una sola nube que pudiera ensombrecer la histórica jornada.

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A las 8 de la mañana, la Carrrera de San Jerónimo ya estaba abarrotada de miles de españoles, que no se querían perder ni un detalle de lo que estaba a punto de suceder ante sus ojos. Tras 44 años de historia convulsa y trágica, con una II Republica incapaz de gobernar España, una Guerra Civil fraticida y sangrienta y una dictadura que acababa de tocar a su fin, la monarquía regresaba a España en la persona de D. Juan Carlos de Borbón y Borbón, que a partir de ese día iba a ser el rey de todos los españoles con el nombre de Juan Carlos I.

Y lo ha sido, ¡Vive Dios, que lo ha sido!

Corona y cetro

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La Taberna del Alabardero y La Mar del Alabardero: la tradición de la mejor cocina en un entorno incomparable.

Alabardero Mingote

Alabardero: soldado del cuerpo especial de infantería que prestaba guardia de honor a los reyes de España, y cuya arma distintiva era la albarda, un arma ofensiva que consta de un asta de madera como de dos metros de largo, y de una moharra con cuchilla transversal, aguda por un lado y de figura de media luna por el otro.

Taberna del Alabardero 3 Taberna del Alabardero 1

La Taberna del Alabardero se ha convertido por méritos propios en todo un clásico de la hostelería madrileña. Fundada en 1974 por el sacerdote vasco Luis Lezama, se encuentra en  pleno centro de capital a escasa distancia del Palacio Real, toma su nombre de un alabardero que vivió en esa misma finca en el siglo XIX y que, según cuenta las crónicas de la época, mantuvo una historia de amor con una importante dama de la corte que vivía al otro lado de la Plaza de Oriente.

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La cocina, vasca, como no podía ser de otra forma, si tenemos en cuenta los orígenes de Luis Lezama, si bien la decoración es típica de una taberna madrileña con barra alta de mármol y alguna mesas en la zona del bar y las paredes repletas de fotos de personajes famosos del mundo de la artes, la cultura, el toreo y la política que, en algún momento, pasaron por el local, destacando entre todas ellas las fotografías de los reyes D. Juan Carlos y Dª. Sofía. Las mesas de la Taberna, han sido testigos de numerosas tertulias literarias de importantes figuras del mundo de las letras como el escritor de la Generación del 27 José Bergamín sin olvidar a Cortázar, Aleixandre, Alberti, Ernesto Jiménez Caballero, Gabriel Celaya, entre otros, políticos como Adolfo Suárez, Felipe González, o Fraga, personajes del mundo  del toreo como Antonio Ordóñez y Paco Camino y  humoristas como Manuel Summers.

Rabo de toro - Taberna del Alabardero Taberna del Alabardero 4 La Taberna del Alabardero 6

En su amplia y variada carta, la Taberna del Alabardero de la mano de su chef, Roberto Hierro, nos ofrece las recetas de toda la vida convenientemente actualizadas. Lomo de venado en su jugo de frambuesas con croquetas de castañas y pistachos o las kokotxas de bacalao a la romana con habitas tiernas, txangurro con crema de guisantes, caracoles a la montañesa, lomo de merluza con almejas en salsa verde,bacalo al pil-pil, rabo de toro, o la ostras con parmentier de remolacha y crema de coliflor ahumada, son algunas de las exquisiteces elaboradas a base de productos, siempre de la más alta calidad. Y de postre la deliciosa torrija de la casa, caramelizada con cristal de azúcar y helado de vainilla, un auténtico capricho sencillamente  imprescindible.

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Los precios no son especialmente elevados, ofreciendo también la posibilidad de disfrutar un menú degustación o el menú del día. También nos ofrece una amplia carta de tapas. El local cuenta además con una zona de bar y una amplia terraza donde degustar tapas y raciones como las patatas a lo pobre, chistorra de Navarra, o surtidos de ibéricos, además de canapés y ensaladas. Y cuando llega el invierno, las estufas exteriores y la opción de mantas individuales nos permitirá seguir disfrutando al aire libre.

El servicio de camareros es bueno, atento y diligente. Y un consejo: dejaos aconsejar porque suelen preparar platos fuera de carta, realmente apetitosos y sugerentes.

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Y a la vuelta de la esquina, en la mismísima plaza de Oriente, encontraremos La Mar del Alabardero, una taberna marinera en pleno corazón de Madrid, con una carta basada en las diferentes cocinas de las costas españolas: pescados y mariscos de lonja al carbón, guisos de pescado, arroces y frituras tradicionales de nuestro litoral.

Taberna del Alabardero

Felipe V, 6 – 28013 Madrid

Tel. 91 547 25 77

La Mar del Alabardero

Plaza Oriente, 6 – 28013 Madrid

Tel. 915 41 33 33

http://grupolezama.es/portal/taberna-alabardero-madrid/home

El Madrid de antes de la guerra. La “memoria histórica” de mis abuelos.

Yo no llegue a conocer aquel Madrid, entrañable, pequeño y familiar. El Madrid que yo he conocido ha sido el de los Planes de Desarrollo, el del “baby boom” de los 60, el de los atentados de esa sanguinaria banda de asesinos que ni siquiera me voy a molestar en llamar por su nombre, el de los sucesivos y continuos atentados contra el patrimonio artístico y cultural en nombre del progreso, el Madrid que vio morir a Francisco Franco, un Madrid de nuevo, sino monárquico, si al menos “juancarlista”, gracias al innegable buen hacer de nuestro rey D. Juan Carlos I, el Madrid de la inmigración descontrolada, el de la movida madrileña… Mi ciudad, la ciudad que me vio nacer, un lejano día 20 de mayo del año de 1958. Un Madrid del que, pese a todo, sigo declarándome enamorado.

 Arriba España Cartel CNT 19 de julio de 1936

Cuando yo era tan solo un niño, mis abuelos me contaban mil y una historias acerca del Madrid que ellos habían conocido y habían vivido, antes, durante y después de la odiosa y tan manipulada por unos y otros Guerra Civil. Una guerra que durante casi tres años enfrento a hermanos contra hermanos, sacando a relucir, en la mayor parte de los casos, lo peor del carácter español.

Mi primer recuerdo madrileño se remonta a mis paseos de la mano de la tata Yeya, Eleuteria era su nombre, hasta el Jardín Botánico, el botano decía yo con mi lengua de trapo. Bajábamos tranquilamente por la calle de Santa Isabel, donde vivíamos por aquel entonces en el nº 15, en la que había sido la casa de mis abuelos paternos antes de su regreso a Valencia, donde siempre habían vivido. Tras dejar atrás Atocha, entrabamos a los jardines por la Puerta del Rey, que daba al Paseo del Prado. Ese es mi primer recuerdo de Madrid.

Todo lo demás, lo que a partir de aquí os voy a contar son relatos, historias y recuerdos contados por mis abuelos. Unas historias tantas veces escuchadas, que a veces me parece haberlas vivido en primera persona. Es mi herencia madrileña, una herencia que nadie podrá quitarme jamás. Sigue leyendo

El Paseo de la Castellana o las heridas del tiempo.

Hubo en Madrid una época en la que el paseo de la Castellana comenzaba donde la ciudad de Madrid acababa. Poco a poco se fue poblando de encantadores y señoriales palacetes. Era la época de los grandes señores, que levantaban sus grandes mansiones, de estilo francés, en el Paseo de la Fuente Castellana. Años más tarde, la fuente desapareció y al paseo sólo le quedó el nombre.

Tras la Guerra Civil, comenzó la reconstrucción de lo que quedo de España, y en aras del progreso y el desarrollo fueron desapareciendo los palacetes y otras viviendas particulares de la clase media acomodada de Madrid, y en su lugar se levantaron, poco a poco, pero de forma inexorable, torres de cemento y hormigón, plazas frías e inhóspitas. Donde había vivido la aristocracia se instalaron bancos, compañías de seguros, multinacionales…. La historia del paseo de la Castellana reúne lo mejor y lo peor de la historia de Madrid y de su arquitectura, y quedara para siempre en nuestra memoria como la crónica de uno de los mayores desatinos urbanísticos sufridos, y no son precisamente pocos, por nuestro amado Madrid.

Los paseos de la Castellana, del Prado y de Recoletos nacieron como unas vías amplias, ajardinadas y dedicadas en un primer momento, al esparcimiento del pueblo de la capital del reino. Una misma calle con tres nombres distintos, que pasó de ser una simple vaguada a un lugar de esparcimiento de la alta burguesía madrileña, gracias a la brillante idea del Conde de Arnada de crear el Salón del Prado, en 1763. La zona se revalorizó de forma inmediata y comenzaron a construirse palacios particulares, como el de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército, en Cibeles, o el de Villahermosa, en Neptuno, hoy  día sede del Museo Thyssen-Bornemisza. Rápidamente se convirtieron en un lugar de moda donde las clases pudientes decidieron construir sus viviendas e instalarse llegando a concentrar la mayor parte de los palacios, palacetes y hoteles construidos en la capital a finales del XIX y principios del XX. Se construyeron decenas de palacios, más de cincuenta edificios singulares, con espléndidos salones, exuberantes jardines, fuentes y enrejados, que dieron lugar a uno de los barrios más elitistas de Madrid, gracias a un plan urbanístico influido por las grandes capitales europeas como Londres, París y Berlín, de los que a día de hoy tan solo quedan 12 supervivientes. Queda, eso sí, su imborrable recuerdo en las retinas de los más mayores y algunas fotos que ya se van tiñendo de color sepia. Sigue leyendo

Lhardy, mucho más que un Cocido Madrileño.

Una fachada de estilo Segundo Imperio construida con madera de caoba traída de Cuba, las mejores recetas de la más alta cocina europea, un exquisito cuidado en la presentación de los platos, un cocido madrileño inigualable, una fama internacional, un ambiente selecto e inalterable donde parece que no ha pasado el tiempo, innumerables anécdotas, cientos de personajes ilustres entre su clientela, una atención inmejorable…

Hablamos, como no podía ser de otra forma, de Lhardy. Un clásico madrileño que, tras más de 170 años de vida, aun logra seducirnos y cautivarnos. Lhardy ha sabido conservar celosamente el ambiente aristocrático y burgués del Madrid del siglo XIX y principios del XX. Comer en Lhardy permite evocar un mundo elegante y señorial, mientras disfrutamos de la mejor de las cocinas.

Retrato de Emilio Lhardy obra de Federico Madrazo (1867)

Lhardy abrió sus puertas en 1839, cuando en España reinaba Isabel II y aún estaba reciente el abrazo de Vergara, entre Espartero y Maroto. Gran parte de la historia de España se ha tramado y fraguado entre la elegancia de sus paredes, bajo sus lámparas y en torno a sus mesas. En Lhardy se han decidido derrocamientos de reyes y políticos, repúblicas, introducción de nuevas dinastías, restauraciones, regencias y dictaduras. De todo se ha hablado y conspirado en Lhardy, Los personajes más ilustres se han visto reflejados en su famoso espejo. Además fue el primer restaurante madrileño al que se permitió que acudieran las damas solas.

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