El Real Decreto de Regalia de Aposento y las “casas a la malicia”

El origen de las “casas a la malicia” de Madrid está íntimamente relacionado con la picaresca del pueblo español, una “cualidad” que alcanzó su máximo apogeo durante los siglos XVI y XVII. Pero para comprender mejor cuales fueron los motivos que propiciaron la aparición de este tipo de viviendas, lo mejor es retroceder en el tiempo hasta los días en que Madrid aun no era la capital de España.

Casa a la Malicia en la calle del Toro con la plaza del Alamillo (La Morería)

Un poco de historia (como casi siempre)

“El Rey Católico, juzgando incapaz la habitación de la ciudad de Toledo, ejecutando el deseo que tuvo el emperador su padre de poner su Corte en la Villa de Madrid, determinó poner en Madrid su real asiento y gobierno de su monarquía”. (Luis Cabrera de Córdoba, 1559-1623)

Vista de Toledo en el siglo XVI

Hasta mayo de 1561, la capital de la nación más poderosa del mundo era la ciudad Imperial de Toledo, pero el lunes 19 de mayo de 1561, Felipe II hizo llegar al Concejo de Madrid una Cédula Real en la que se le hacía saber del inminente traslado de la Corte desde la ciudad del Tajo a Madrid, donde debería hallarse instalada al mes siguiente, a tiempo para la celebración del Consejo Real que debería celebrarse en la nueva capital. El día 21 de mayo, el monarca partió de Toledo hacia Aranjuez para inspeccionar las obras del palacio y jardines que allí se estaban construyendo y desde el Real Sitio se dirigiría directamente a Madrid, que a partir de ese momento se convertiría en la capital del España. Seis días más tarde lo haría la Reina Isabel de Valois con las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela y al día siguiente, el príncipe Don Carlos. Toledo había dejado de ser la capital de España.

Madrid en el siglo XVI - Grabado de Anton Van den Wyngaerde

Tengamos en cuenta que Madrid en el siglo XVI no era una ciudad propiamente dicha como lo eran Toledo, Barcelona, Valladolid o Sevilla, era más bien un pueblo grande y amurallado, un “poblachón manchego”, como han escrito algunos, situado en un lugar relativamente privilegiado sobre un altozano, con un río de escaso caudal a sus pies, nuestro entrañable Manzanares. El Rey, sin duda vio en Madrid, la posibilidad de crear su nueva capital partiendo prácticamente de la nada, proyectando y creando de acuerdo con los intereses de la corona. Un plan largamente premeditado, encaminado a crear una capital renacentista para el monarca más poderoso de su tiempo, Felipe II. Además Madrid se encontraba muy próxima de las principales vías de comunicación de la península, herederas directas de las antiguas calzadas romanas, que se cruzaban en esta zona de la península, comunicando Aragón con Extremadura, Levante con Castilla y Andalucía con el norte de la península y era famosa por la abundancia de sus aguas subterráneas, su calidad y las propiedades curativas y medicinales de algunos de sus manantiales, una abundancia que garantizaba el abastecimiento de la ciudad.

Obras de construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (1576) - Colección particular del Marqués de Salisbury

Otra probable razón era la afición a la caza del rey y en los alrededores de la nueva capital existía abundante caza. Aranjuez, El Pardo o los montes de Segovia eran los lugares preferidos del monarca y estaban cercanos a Madrid y al lugar donde Felipe II comenzaría en 1563 a construir un monasterio digno de su poder: el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Pero aun siendo importantes todas las razones anteriores, hubo una que pudo ser determinante en la decisión de Felipe II de trasladar la corte a Madrid: los constantes enfrentamientos entre el poder de la Iglesia y el poder del Rey. Felipe II estaba convencido de la necesidad de separar ambos poderes, pero sobre todo, quería que el poder real estuviera por encima del eclesiástico y la forma mas eficaz de lograrlo fue trasladar la capital a un lugar lo suficientemente alejado de la Sede Primada de Toledo y que careciera de sede catedralicia y Madrid parecía ser el lugar idóneo. Y por si todo lo anterior no hubiera sido suficiente, su tercera esposa, Isabel de Valois, no estaba cómoda en la ciudad imperial. La decisión estaba tomada.

Felipe II por Sofonisba Anguissola Isabel de Valois por Sofonisba Anguissola

 Otra cosa fue lo que ocurrió a partir de ese momento, pero tratándose de España y de Madrid, las cosas nunca podrían haber sido de otra manera. Y es que este país y su habitantes, mucho me temo que poco cambiará por muchos siglos que pasen. España y los españoles somos así.

Iglesia de San Salvador y plazuela de la Villa segun el plano de Pedro Texeira

 Una vez asumida la sorprendente e inesperada condición de capital del reino, la primera y más urgente preocupación del Concejo, que hasta la construcción de la Casa de la Villa se reunía en la desaparecida Iglesia de San Salvador situada en la calle Mayor, fue la alimentación de la población ante la avalancha de nuevos ciudadanos que se esperaba. El Concejo pidió licencia para comprar carne, harina y otros productos de primera necesidad, una licencia que la Corona concedió sin dilación, aunque rápidamente se vieron en graves dificultades económicas para obtener las ingentes cantidades que se estimaba serían necesarias. Los problemas no habían hecho mas que comenzar.

Felipe II y el traslado de la Corte a Madrid por C. Múgica

Pero la nueva capital no solo necesitaba comida, la hasta entonces tranquila y pequeña Villa de Madrid, desordenada y caótica urbanísticamente hablando, necesitaba poner en marcha urgentemente un plan de alineación y ampliación de calles y plazas, construcción de nuevos mercados municipales de abastos,  reordenamiento de la plaza del Arrabal (actual plaza Mayor), derribo de lienzos de muralla y algunas de sus puertas para facilitar el crecimiento de la ciudad, así como la construcción de un Hospital Real, templos acordes con la recién estrenada condición de capital de la Villa (incluida una catedral cuya construcción no se iniciaría hasta el siglo XIX, para finalizarse a finales del siglo XX, casi 500 años después), edificios destinados a la administración, hospicios, orfanatos … Madrid necesitaba  construir prácticamente todo, porque hasta entonces no había tenido prácticamente nada, salvo una fortaleza, el Real Alcázar, en el lugar donde actualmente se encuentra el Palacio Real, una muralla que databa de la época de Alfonso VI de Castilla y una serie de casas y casonas mal construidas y aun peor organizadas. Pasar de “poblachón manchego” a capital todo un imperio no iba a resultar una tarea fácil, pero aun así, se intentó.

Juan Bautista de Toledo - Arquitecto Real de Felipe II

Se elaboró un ambicioso plan urbanístico al frente del cual Felipe II, tras hacerle venir desde Italia, puso al arquitecto Juan Bautista de Toledo, que percibiría un salario de 220 ducados anuales. Sin duda otro dato que avala la teoría de la capital renacentista deseada por el monarca. Pero el ambicioso plan pronto comenzó a encontrase con serias dificultades. Si el plan se hubiese llevado a cabo rápidamente, sin duda la transformación de la Villa de Madrid en una gran capital europea habría sido coherente y homogénea, pero toda clase de dificultades, urbanas, sociales y económicas, hicieron que los trabajos se llevaran a cabo con gran lentitud, y muchas de las reformas acabaron convertidas en “agua de borrajas”.

El Real Alcazar de Madrid

Pero lo peor de todo fue que el mayor responsable de este fracaso sería el propio Felipe II, que tras haber puesto en marcha y prestado su apoyo a las numerosas reformas necesarias, se fue desentendiendo de las mismas, mientras se dedicaba a asuntos más importantes en el Real Alcázar o El Escorial, dejando todo el peso de los nuevos proyectos en un Concejo totalmente falto de experiencia, que se vio rápidamente desbordado e incapaz ante las necesidades de una ciudad que crecía más rápidamente de lo previsto, de un modo caótico y absolutamente fuera de control, ya que no existía una de una legislación que regulase la construcción de los nuevos edificios, ni se disponía de medios humanos y económicos suficientes para poner orden y concierto en una ciudad enloquecida.

Los gremios y oficios en el siglo XVI 2 Los gremios y oficios en el siglo XVI

Pero no solo la nobleza y los miembros del servicio de la corte se trasladaron a Madrid desde Toledo, también un gran número de personas pertenecientes al llamado pueblo llano fueron llegando a Madrid. Así funcionarios y empleados del Estado, embajadores extranjeros, religiosos y toda su servidumbre, campesinos, artesanos, mercaderes, matasanos, boticarios, soldados profesionales y de fortuna, mutilados de guerra, truhanes y buscavidas fueron llegando a la nueva capital en busca de trabajos, colocaciones o incluso pensiones vitalicias. En el momento del traslado de la Corte a Madrid vivían en la Villa entre 10.000 y 20.000 habitantes, hacia 1575 ya eran entre 35.000 y 45.000 y a finales de siglo XVI la cifra se situaba en torno a los 100.000 habitantes. Madrid había visto como su población se multiplicaba por 10 en menos de 40 años. Este descontrolado aumento de población fue muy negativo para Madrid, ya que fue repentino y no se vio acompañado de las grandes reformas políticas y urbanas que la nueva situación requería. Otra de las consecuencias negativas para Madrid fue la limpieza y el aspecto de sus calles que degeneró rápidamente. La suciedad y las basuras se fueron adueñando del interior de la Villa, que al carecer de alcantarillado en los nuevos barrios, se vio invadida por los desperdicios y las aguas fecales de la nueva población. Los malos olores, la suciedad, la falta de conciencia cívica y la ineficacia de los servicios municipales, convirtieron al Madrid de finales del siglo XVI, en la capital más sucia de Europa.

El Real Edicto de Regalía de Aposento

Escudo de Armas de Felipe II

La causa principal de esta transformación desordenada de Madrid fue sin duda el factor demográfico. El traslado de la capitalidad, hizo que el elevado número de personas que atendían los servicios del Rey y de la Corte, la población cortesana, se encontraran con graves problemas de alojamiento, ya que Madrid, a diferencia de Toledo, carecía de un número suficiente de mesones y posadas. Ante esta grave situación, Felipe II se vio obligado a promulgar un edicto llamado “Regalía de aposento” mediante el cual, todas las casas de Madrid que tuviesen más de una planta, deberían ceder la planta superior mismas a aquellos que se considerase oportuno. Una cesión por la que no recibirían ningún tipo de pago o compensación. Para eso, entre otras cosas, era el Rey. Pero además, el Edicto Real establecía que el primer piso pertenecía al Rey, que podía disponer de él e incluso venderlo a quien decidiera. Eso sí, todo se hizo con el acuerdo del Consistorio, que lo aceptaba para que Felipe II no diera marcha atrás en su decisión de trasladar la capital a Madrid. Y el 13 de agosto de 1561, seis meses después de la llegada del monarca a su nueva capital, el Consistorio madrileño promulgaba las normas que habrían de permitir a las autoridades judiciales velar por el cumplimiento del Real Edicto de Regalía de Aposento, o al menos intentarlo.

Casa a la Malicia en la calle de Los Mancebos (La Latina)

Como es fácil suponer, el edicto no gusto nada a los madrileños, que no estaban por la labor de alojar extraños en sus casas, lo que rápidamente dio lugar a trampas y estratagemas encaminadas a burlar dicha obligación o a evitar verse obligado a su cumplimento. Muchos construyeron sus casas directamente con una sola planta, pero muy pronto surgieron otras alternativas de lo mas ingeniosas para intentar engañar a los funcionarios de la corona encargados de las inspecciones, y de esta picaresca nació el término de “casas a la malicia” con las que sus propietarios pretendían y lograban eludir el cumplimiento de la ley.

Calle del Rollo 3

Las “casas a la malicia” estaban construidas de tal forma, que vistas desde el exterior parecía que sólo tenían una planta a base de distribuciones imposibles y caóticas del interior de las viviendas con sótanos que no pudiesen verse desde fuera, con lo que aun siendo una casa de dos plantas, parecía que solo lo fuera de una, y por tanto no debía acoger a los miembros de la corte, tejados muy inclinados donde se habilitaban buhardillas, medias alturas y patios (el mejor ejemplo es la Casa Museo de Lope de Vega en la calle Cervantes) o la colocación de las ventanas de forma caótica y a diferentes alturas con el único propósito de despistar a los alguaciles reales.

Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas en la calle Lope de Vega (Barrio de Las Letras)

Además, casas de dos pisos e incluso tres alturas se camuflaban destinando de forma aparente  la planta baja a los establos para los animales, la primera a viviendas y la segunda a desván, aunque en realidad  todas las estancias se utilizaran como vivienda. Con todos estos trucos, los propietarios de estas viviendas, que en su momento de mayor apogeo llegaron a ser mas de mil, parecían cumplir con la ley, evitando ingeniosamente el cumplimiento del Edicto Real. Pero no solo se recurrió a trucos a la hora de construir, los madrileños que deseaban evitar el cumplimiento de esta ley, por otro lado absolutamente injusta, también recurrieron a sobornos, exenciones compradas y donaciones económicas a la corona, algo que solo estaba al alcance de las clases privilegiadas.

Casa a la malicia en la calle Noviciado (Barrio de Universidad)

Hoy solo quedan algunos ejemplos de “casas a la malicia” en el Madrid de los Austrias y en los barrios de La Morería, Las Letras y Universidad, que os aseguro merece la pena intentar localizar mientras paseáis por las calles del viejo Madrid, rememorando un curioso capitulo de la picaresca española y madrileña que alcanzó su máximo apogeo durante los siglos XVI y XVII, durante la monarquía de la Casa de Austria. 

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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