Tras las huellas de la Santa Inquisición. Una historia siniestra.

Fue Isabel la Católica, quien tras llegar a un acuerdo con el Papa Sixto IV, autorizó la creación del Tribunal del Santo Oficio en Castilla, la temida y siniestra Santa Inquisición. Y si buscamos, encontraremos fácilmente las huellas que dejó esta institución religiosa en Madrid, donde tendría una gran influencia durante varios siglos.

Retrato de Isabel la Católica Retrato de Sixto IV

Aunque oficialmente la fundación del Santo Oficio se fija en el año 1478 en Castilla, cuando el Papa Sixto IV promulgó la bula “Exigit sinceras devotionis affectus”, lo cierto es que la institución religiosa no estuvo preparada para actuar de una manera eficaz hasta 1480, tras conseguir los fondos necesarios tras las confiscaciones de los bienes de los primeros acusados, juzgados y condenados. Los primeros Inquisidores Generales de la Corona de Castilla, Miguel de Morillo y Juan de San Martín, no fueron nombrados hasta dos años después, el 27 de septiembre de 1480, en Medina del Campo. Por su parte, Tomás de Torquemada fue nombrado Inquisidor General de la Corona de Aragón en 1485, una medida rechazada por  las Cortes de Aragon, hasta que el asesinato del Inquisidor de Zaragoza el 13 de septiembre de 1485 convenció a los poderes civiles de la existencia de la herejía en los dominios de Fernando el Católico. Tras estos hechos, Tomás de Torquemada seria nombrado máximo responsable de la Inquisición, tanto de Castilla como de Aragón y por tanto de España. Se iniciaba así una de las páginas mas oscuras y siniestras de nuestra casi siempre conflictiva historia.

Escudo del Santo Oficio

 Respecto a Madrid, capital de España desde que Felipe II decidiera instalar la corte en la hasta entonces  villa el 12 de febrero de 1561, dependió del Tribunal del Santo Oficio de Toledo hasta 1650, fecha a partir de la cuál contó con un Consejo Inquisitorial propio. En la calle de la Puebla se ubicó el palacio del Santo Oficio mientras que la sede principal del Consejo Inquisitorial pasó a partir de ese momento, del convento de Nuestra Señora de Atocha a las calles de Isabel la Católica y Torija, cerca del Palacio del Senado, donde se encuentra el edificio del que fue el Consejo Supremo del Santo Oficio desde 1780. Una leyenda en su fachada dejaba bien claro lo que allí ibas a encontrar:

“Exurge Domine et judica causam tuam” (Alzate Dios y juzga tu causa)

Placa del Tribunal de la Santa Inquisición

Por su parte los condenados eran confinados en los calabozos de la plazuela de Santo Domingo y de la calle de San Bernardo antes de ser conducidos a la plaza Mayor, donde se celebraban los Autos de Fe que ponían fin a sus vidas, pero también a sus sufrimientos. Posteriormente dichos autos de fe se trasladaron al espacio comprendido entre las calles Claudio Coello, Serrano, Conde de Aranda y Columela hasta 1743, año en que se inauguró la plaza de toros que estuvo en las proximidades de la Puerta de Alcalá. Esto hizo que los quemaderos de la Santa Inquisición fueran trasladados a la glorieta de San Bernardo (actualmente de Ruiz Jiménez), donde hoy se levantan esas casas de militares con plantas colgantes. Un lugar que en aquella época estaba situado extramuros. Por este lugar discurría la cerca que en 1625 mandara construir Felipe IV y la puerta de Fuencarral. Cuando en 1869 se derribó la cerca y se llevo a cabo la urbanización de la zona, se pudo ver como en algunos cortes del terreno afloraba una viscosa capa de betún negro y grasiento, sin duda procedente de la combustión de los restos de cientos de cuerpos carbonizados por el fuego purificador de la Santa Inquisición.

Calle de la Ventosa Calle del Cenicero

Son numerosas las calles del centro de Madrid que nos recuerdan la siniestra presencia del Santo Oficio, así la calle de Carranza rinde homenaje al obispo Bartolomé de Carranza, que fue investigado por el Santo Oficio entre 1559 y 1567, para ser finalmente declarado inocente, poco antes de su fallecimiento ocurrido en 1576 en el Convento de Santa María Sopra Minerva de Roma, donde fue enterrado; la calle de la Ventosa rememora el juicio a una supuesta hechicera que curaba enfermedades con una ampolla de cristal que utilizaba a modo de ventosa; la del Cenicero nos recuerda a los vecinos que recogían las cenizas de las hogueras tras el traslado de los cuerpos de los ajusticiados, para venderlas en los lavaderos de las orillas del Manzanares y hacer lejía y la del Marqués de Santa Ana se llamó con anterioridad calle de El Rubio, recordando el proceso que se abrió a un capellán y varias monjas, que acusaron al joven y rubio ayudante del sacerdote de tener “la figura de Judas” y de hacerlas sentir “poseídas por el diablo”.

Francisco Rizzi - Auto de fe en la plaza Mayior de Madrid

Previamente a la celebración de un auto de fe, se anunciaba el acto con dos o tres semanas de antelación en todas las iglesias de Madrid, para luego pregonarse ante el Alcázar, donde también se acudía para recibir del Rey la leña para la hoguera inquisitorial, conforme a una tradición que se remontaba al reinado de Fernando III. Durante la víspera, las procesiones de la Cruz Blanca y la Cruz Verde, símbolos inquisitoriales, salían del convento de doña María de Aragón, situado donde hoy se encuentra el Palacio del Senado. La primera se llevaba a los quemaderos cercanos a la actual Puerta de Alcalá  y posteriormente a los de la glorieta de San Bernardo, mientras que la segunda era la que se llevaba al auto de fe.

Relación histórica del último Auto General de Fe que se celebro en Madrid en 1680

La plaza de la Cruz Verde, sería el lugar donde se llevo a cabo el último auto de fe en la capital celebrado en 1680 durante el reinado de Carlos II. En esta plaza de la Cruz Verde, en el lugar donde en la actualidad podemos ver la fuente con la estatua de Diana Cazadora, hubo una cruz de madera de ese color que desapareció hacia mediados del siglo XIX, tal y como nos cuenta Ramón Mesonero Romanos en su obra El antiguo Madrid:

“Sirvió en el último auto general de fe de la Sagrada Inquisición y se hallaba colocada en el testero de dicha plazuela, en el murallón de la huerta del Sacramento donde ha permanecido hasta nuestros días en que ha caído a pedazos por el transcurso del tiempo”

Plaza de la Cruz Verde - Fuente de Diana Cazadora

Y ahora veamos cual era el proceso que se seguía para la celebración de un auto de fe.

Como ya he dicho, el auto de fe se anunciaba dos o tres semanas antes, a la vez que se prometían beneficios espirituales a todos los que acudieran, lo que hacía que llegaran a Madrid numerosos campesinos de los alrededores para presenciar el que se consideraba un gran espectáculo, de manera que según se acercaba la fecha señalada, no se encontraba alojamiento por mucho dinero que se ofreciera. A primera hora de la mañana del gran día, el repicar general de campanas era la señal para que comenzase una gran procesión, en la que tomaba parte todo el clero local, a cuya cabeza desfilaba el estandarte oficial de la Santa Inquisición.

Condenados por la Inquisición - Eugenio Lucas

Tras el clero y las autoridades, los condenados procesionaban para hacer pública penitencia, portando cirios encendidos en la mano y vistiendo el “sambenito” o “saco bendito”, que recibía el nombre de “abito” en la sentencia oficial. El sambenito era una larga túnica de color amarillo, con una cruz de San Andrés negra, que en el caso de los condenados por una sola herejía solo mostraba uno de los brazos en diagonal de la cruz. Cuando el hereje se libraba de la hoguera tras haber confesado, se pintaban llamas apuntando hacia abajo en la túnica, el llamado “fuego revuelto”. En este caso el “sambenito” podía ser de color negro.

Sambenito 1 Sambenito 2

Los condenados a morir en la hoguera llevaban pintada una escena en la que se podían ver unos diablos arrojando a los herejes al fuego del infierno. Todos llevaban una mitra alta denominada coraza con dibujos similares. La procesión cruzaba la ciudad hasta llegar al sitio donde debía celebrarse el auto de fe, donde se construían dos estrados: uno para los condenados y sus asistentes espirituales, y otro para las autoridades civiles y eclesiásticas. Seguidamente, un alto miembro del clero pronunciaba un sermón, cuyo tema pretendía la humillación pública, una vez más, de los condenados que debían soportar todo tipo de insultos procedentes de los ansiosos asistentes.

 Auto de Fe

La sentencia se ejecutaba en público, y era muy frecuente que se aplicasen hasta doscientos latigazos. En la llamada “vergüenza”, los culpables, tanto hombres como mujeres, recorrían las calles de la capital desnudos de cintura para arriba mostrando los distintivos correspondientes a sus delitos, mientras un pregonero marchaba delante de ellos proclamando la sentencia. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, en determinadas ocasiones se les ponía una mordaza.

Escena de la Santa Inquisición en una de las farolas de la Plaza Mayor de Madrid

Una de las consecuencias más serias de ser declarado culpable de herejía, era la inhabilitación automática, no sólo de los condenados, sino también de sus hijos y descendientes durante varias generaciones, quedando excluidos a perpetuidad para ejercer cualquier cargo público. Tambien se les prohibía llevar oro o plata, joyas e incluso montar a caballo, estándoles permitido únicamente el uso de burros. Una vez finalizado el macabro espectáculo, las cenizas de las víctimas eran esparcidas a los cuatro vientos, aunque las grandes cantidades de huesos hallados en excavaciones recientes, realizadas en los quemaderos de Madrid y Zaragoza, nos hace pensar que el fuego no siempre lograba su objetivo de forma eficaz.

El tortuoso final de la Santa Inquisición

Escena de la Inquisición - Goya

La Santa Inquisición fue abolida en España por Napoleón Bonaparte, que promulgó los Decretos de Chamartín de diciembre de 1808, por lo que no actuó durante el reinado de su hermano José I Bonaparte. En 1813, los diputados liberales de las Cortes de Cádiz aprobaron también su abolición, para ser restaurada cuando Fernando VII recuperó el trono el 1 de julio de 1814. Fue de nuevo abolida durante el Trienio liberal y posteriormente, en la llamada Década Ominosa, la Inquisición no fue formalmente restablecida, pero en determinadas ocasiones fue sustituida en algunas diócesis por las Juntas de Fe. A la Junta de Fe de Valencia le cupo el triste honor de condenar a muerte al último hereje ejecutado en España, el maestro de escuela Cayetano Ripoll, ahorcado en Valencia el 31 de julio de 1826.

Real Decreto de abolición de la Santa Inquisición

La Inquisición fue definitivamente abolida el 15 de julio de 1834 por Real Decreto firmado por la Reina Regente Dª. María Cristina de Borbón, durante la minoría de edad de Isabel II y a propuesta de D. Francisco Martínez de la Rosa, Presidente del Consejo de Ministros. Una de las páginas más oscuras de la historia de España y de Madrid, por fin había concluido.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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