Vallecas descubre su pasado barroco en la capilla de Nuestra Señora del Rosario.

 

La iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula de Vallecas se construyó según un proyecto de Juan de Herrera lo largo del siglo XVI, conservando como elemento más antiguo gran parte de la original torre mudéjar, posteriormente reformada por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII.

El cuerpo de la iglesia mantiene elementos góticos, renacentistas y barrocos y cuenta con varias capillas de gran valor arquitectónico adosadas al templo que se construyeron a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Tiene planta basilical de tres naves con cinco tramos y un presbiterio cuadrado. Los pilares, que dividen las naves, son de fábrica del siglo XVII. La nave central se cubre con bóveda de cañón ligeramente rebajada y con molduras geométricas; las naves laterales, con bóveda de arista. Crucería de combados en el crucero y brazos del crucero con bóveda de cañón y con lunetos. Coro en alto a los pies ocupando el ancho de las tres naves. El templo está declarado Bien de Interés Cultural, la máxima protección que contempla la legislación vigente.

Con motivo de las obras de restauración y conservación que el gobierno regional está realizando en la iglesia desde 2012, se ha logrado recuperar la arquitectura interior del templo proyectada hacia 1670, han salido a la luz restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII que hasta ahora se encontraban ocultos en la capilla de Nuestra Señora del Rosario. El estudio de los huecos de la fachada condujo a los investigadores y restauradores al convencimiento de que tras los muros se ocultaba una capilla anterior. Las nuevas catas y demoliciones realizadas tras llegar a esta conclusión han permitido descubrir restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII, así como un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano. En la actualidad, se intenta confirmar la identidad, tanto del arquitecto y como del autor de la decoración de esta capilla.

Se trata de una capilla-camarín, situada junto a la cabecera de la iglesia, dedicada a la Virgen del Rosario. Una capilla que, a lo largo de los años, ha sido utilizada como sacristía o como capilla del Santísimo. Este tipo de construcción está considerada como una de las aportaciones más originales de la arquitectura barroca española. La capilla de Nuestra Señora del Rosario es el resultado de diversas fases, tanto constructivas como decorativas: una primera fase se habría llevado a cabo durante el primer tercio del siglo XVII, cuando, una vez concluidas las obras de la iglesia, se levantó un camarín de planta cuadrangular cubierto con una bóveda de aristas, con una pequeña puerta adintelada ubicada en el muro norte que permitía la comunicación con el presbiterio y un arco abierto en el muro oeste para colocar la imagen de la Virgen. La bóveda y el arco presentan una decoración vegetal y geométrica a base de azules, verdes, ocres y dorados. En una segunda fase, hacia 1651, se amplió la capilla, dividiéndose el espacio interior en dos, uno cuadrangular cubierto por la cúpula y otro rectangular, más pequeño, con bóveda de cañón, destruyéndose parte de la primitiva bóveda de aristas, quedando el resto oculto. Por último, entre finales del siglo XVII y principios del XVIII la capilla es redecorada de nuevo, en esta ocasión con pinturas atribuidas hasta el momento, al pintor madrileño Juan Vicente Ribera, basándose en la similitud estilística que presenta la decoración, con la capilla de las Santas Formas de  Alcalá de Henares, obra de este artista.

Un hallazgo de gran importancia, por tratarse de uno de los primeros ejemplos de camarín barroco de España, así como de uno de los conjuntos decorativos más interesantes de la región madrileña.

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