Los padres del arte moderno seducen al público madrileño.

Cézanne y Regoyos en el Museo Thyssen-Bornemisza, Matisse en la Galería Marlborough y Degas y su círculo más próximo en la Fundación Canal, atraerán durante los próximos meses al público madrileño siempre ávido de arte y cultura. Y ahora, simplemente dejémonos llevar por el poder de seducción de los auténticos padres del arte moderno.

La oferta cultural madrileña nos ofrece, una vez más, la posibilidad de disfrutar de la obra de dos de los grandes maestros del arte moderno, artistas que en su momento se toparon con un fuerte rechazo de su obra , pero que con el paso de los años, igual que ha ocurrido con los impresionistas han conseguido una gran aceptación. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que las exposiciones dedicadas a Cézanne y Degas serán un gran éxito. Pero no serán las únicas ya que Matisse y Regoyos también estarán presentes en la programación cultural madrileña. 

Cezanne en el Museo Thyssen-Bornemisza: desde que el Museo Español de Arte Contemporaneo (MEAC) organizara en 1984 su antológica dedicada a Cezanne, han pasado 30 años sin que un museo español dedicara una exposición a la figura y la obra de Paul Cézanne. Una obra sin duda imprescindible para lograr entender tanto el cubismo como las primeras vanguardias del arte europeo. La exposición “Cézanne. Site/Non-Site” que en esta ocasión nos presenta el Museo Thyssen, nos permite disfrutar de sus trabajos al aire libre y de sus naturalezas muertas, el “site” y “non-site” del título de la exposición. En la obra de Cézanne, el paisaje es el género predominante, un género que se identifica, al igual que en los impresionistas con la pintura al aire libre. Pero a diferencia de los impresionistas, Cézanne da una gran importancia a un género más propio del estudio: la naturaleza muerta. Cézanne cultivará ambos géneros, y creara una íntima conexión entre ambos, introduciendo elementos paisajísticos en sus bodegones y llevando a sus paisajes la estructura y el orden de las naturalezas muertas. Junto a las obras de Cézanne seleccionadas por Guillermo Solana, comisario de la exposición, algunas de ellas nunca antes vistas en España, podemos disfrutar de obras de Pisarro, Gauguin o Braque en 5 diferentes secciones.

Retrato de un desconocido. Esta primera sección consta de un único cuadro titulado Retrato de un campesino y perteneciente a la colección Thyssen-Bornemisza. El hombre, cuya identidad desconocemos, no tiene rostro, su cara esta sin definir, como a la espera de que Cézanne fuera a llenar ese vacío más adelante. El cuadro se sitúa en la terraza del último estudio del artista, desde donde pintaba lo más cercano y lo más alejado. Un murete amarillo donde se sienta el campesino separa el cuadro en dos mitades, que representan el interior y el exterior, el estudio y el aire libre. No obstante, pese a esta clara separación, Cézanne hace que la chaqueta azul del campesino se confunda en algunas zonas con la vegetación del jardín, desdibujando la frontera entre fondo y figura.

La curva del camino. Cézanne salía cada día a pasear por los alrededores de Aix en busca de los temas para sus cuadros y en numerosas ocasiones subió, mochila a la espalda, hasta la montaña Sainte-Victoire. Le gustaban los viejos caminos, que se adaptan al paisaje y no a la inversa como ocurre con las carreteras modernas. Le gustaban sus continuos cambios de puntos de vista y las sorpresas que se encontraba tras cada curva. Tal vez por eso pinto tantas veces la curva del camino, un motivo que los paisajistas han utilizado muy frecuentemente para atraer la mirada del espectador hacia el interior del cuadro. Pero Cézanne da a este motivo un estilo muy personal, ya que esa entrada al interior de la pintura, se ve cortada rápidamente, ya sea bloqueada por unos árboles, una roca, una edificación o simplemente por la propia orografía del paisaje. Son caminos que no llegan a ningún sitio e incluso cuando el horizonte es visible no se tiene la sensación de estar ante un espacio ilimitado sino que se ve como si se tratara de una pantalla de fondo. Es como si tras cada curva del camino apareciera la pared del estudio del pintor. De nuevo el orden y la estructura de las naturalezas muertas en los paisajes, una constante en la obra del artista.

Desnudos y árboles. Los cuadros de bañistas realizados por Cézanne, constituyen la única parte importante de su obra que no fue ejecutada a partir del natural, algo que ha hecho que se consideren siempre aparte. En esta sección de la exposición se propone relacionar estrechamente estos cuadros de bañistas con algunos paisajes dominados por los castaños del Jas de Bouffan, la casa de campo de la familia del pintor. Tras contemplar los cuadros de bañistas, estos paisajes con los arboles alineados como “verdes columnas del cielo” como dio Joachim Gasquet, se pueden interpretar de otra manera, como si fueran paisajes extrañamente deshabitados, un decorado a la espera de los actores, a la espera de esos bañistas.

El fantasma de la Sainte-Victoire. Los bodegones de Cézanne están llenos de ecos de sus paisajes. En algunos de estos bodegones, el mantel sobre la mesa se ve ahuecado, evocando la silueta de la Sinte-Victoire, así en “El Aparador” el paño blanco sugiere un paisaje montañoso en cuyos valles se alojan las distintas frutas y en “Naturaleza muerta con flores y frutas”, el mantel que se eleva en diagonal nos recuerda claramente el perfil de la ya mencionada montaña. Cézanne utilizará también, como un equivalente de la montaña, el motivo del cántaro de gres. Un cántaro que siempre encontraremos desplazado, pero que pese a ello siempre será el centro de atención para el espectador. Un objeto sencillo, sin decoración, alrededor del cual cuál gravita el universo pictórico de Cezanne.

Juego de construcciones. Hasta aquí hemos podido ver como Cézanne introducía el paisaje en sus naturalezas muertas. En esta sección veremos como el pintor trata de imponer en sus paisajes el orden y la estructura típicos de las obras de estudio y la mejor manera para conseguirlo es recurrir a la arquitectura. Buena parte de los paisajes de la madurez de Cézanne son lo que podríamos llamar paisajes construidos. En “Casa en Provenza”, Cézanne pinta una construcción solitaria sin el menor atisbo de vida, como si se tratara de un objeto plantado sobre la tierra. Si en los bodegones, la mesa quedaba oculta tras los paños o los manteles, en los paisajes el artista trata de imponer al terreno una estructura similar a la superficie de una mesa: Un primer plano vertical, a continuación un plano horizontal y como fondo otro plano vertical. Una estructura de escalera que dirige nuestra mirada hacia arriba y que tendrá posteriormente una gran influencia en los inicios del cubismo.

En el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 18 de mayo de 2014 .

Matisse en la Galeria Marlborough: procedente de Londres y New York llega hasta la sede madrileña de la Galeria Malborogh la exposición “Matisse. La esencia de la línea. Grabados 1900-1950”. Una muy completa exposición, formada por más de 80 grabados, dedicada a la faceta de Matisse como grabador que abarca desde las primeras aproximaciones a este campo a principios del siglo XX, hasta las aguatintas de trazos gruesos de los años 50. La exposición realiza un recorrido por las distintas técnicas de grabado empleadas por el artista, tales como el aguafuerte, la punta seca, la xilografía, la litografía, el linóleo y el estarcido, ordenadas en cuatro secciones, atendiendo a la diversidad de técnicas y a temas como la poesía, la danza y la música. Para organizar esta muestra, la Galería Marlborough se ha inspirado en las palabras del propio artista: “Siempre se debe buscar el deseo de la línea, donde quiere entrar y donde desaparecer. También saber de su origen que debe ser el de la modelo”. La historiadora Marilyn McCully en el catálogo de esta exposición afirma: “la esencia de la línea en un grabado nos aporta toda la información necesaria: la presencia y el carácter de la modelo así como la relación espacial dentro de la composición de interiores y exteriores y los detalles del escenario en el que se desarrolla la escena”.

La visita comienza con un autorretrato a puntaseca, “Henri Matisse Etching” (1900-03), y continúa con dos desnudos de 1906: la xilografía “Le grand Bois” y la litografía “Le grand nu”. En este primer apartado se puede disfrutar de una serie de grabados y puntas secas que fueron realizados en torno a la Primera Guerra Mundial, como “Fanny de face” (1914) y “Loulou Masque-chapeau fleuri” (1914-15), caracterizados por una extraordinaria simplicidad de la línea y años mas tarde “Tête penchée et bocal de poissons” (1929) y “Jeune femme le visage enfoui dans les bras· (1929).

En la segunda y tercera secciones de la exposición se explora el uso de la litografía y la relación entre la modelo y el espacio. Matisse comienza su carrera artística haciendo litografías, utilizando la cera litográfica sobre piedra o papel transfer para lograr imágenes de mayor riqueza y semejanza a sus dibujos. Su obra temprana “Un accroupi, profil à la chevelure noire” (1906) muestra el dominio de la litografía. Entre los retratos que se incluyen en estas dos secciones de la exposición destacan “La capeline de paille d’Italie” (1923) y “Le renard blanc” (1929), así como una serie de imágenes de la modelo leyendo, como la cuidadosamente detallada “Interieur, la lectura” (1925). Sin embargo fue el interés de Matisse por el exotismo y la sensualidad de las odaliscas, sentadas o reclinadas en interiores lujosamente decorados, lo que propició que empezara una de las etapas más significativas de su obra gráfica. En esta exposición se puede ver una importante selección de litografías sobre el tema de las odaliscas: “Odalisque à la culotte de satin rouge” (1925), “Odalisque à la coupe de fruits” (1925), “Jeune Hindoue” (1929), o “Repos sur la banquette” (1929) entra otras.

Finalmente, la cuarta parte de la muestra se centra en el tema de la danza, la poesía y la música. En 1920, Matisse trabajó junto con el empresario de ballet Serge Diaghilev diseñando escenarios y vestuarios para el Ballet Ruso, entablando amistad con el coreógrafo y bailarín Léonide Massine. Lo que propició que en 1927 creara la carpeta de litografías “Dix danseuses” para la Galerie d’Art Contemporain. También se puede ver “La Danse” (1935-36), un grabado a color editado por Lacourière basado en el primer diseño de un mural patrocinado por el coleccionista de Philadelphia Albert Barnes en 1932. Matisse continuaría mostrando su fascinación por la música, el circo y los viajes en una serie de obras a color con la técnica del estarcido para “Jazz” (1947). Posteriormente volvería a la poesía, colaborando con el editor Albert Skira en 1920 para producir los grabados “Livre d’artiste, Poésies de Stéphane Mallarmé”

En la Galería Marlborough hasta el 22 de marzo de 2014. 

Degas en la Fundación Canal: la exposición “Edgar Degas. Impresionistas en privado” nos permite una aproximación hasta ahora inédita a la obra de Degas, una de las figuras esenciales del impresionismo, que consideraba el dibujo como el cimiento básico de la maestría y lo utilizó tanto en sus abundantes y profundos estudios de los grandes maestros, como para retratar a sus familiares y amigos o esbozar las obras que trasladaría posteriormente al lienzo. La colección Robert Flynn Johnson, conservador emérito del Museo de Bellas Artes de San Francisco, suma más de un centenar de obras que, después de recorrer varios museos del mundo se pueden ver ahora en Madrid,

La colección aborda los temas más habituales en la obra de Degas: el cuerpo humano, las carreras de caballos y el mundo del espectáculo. Las obras de esta exposición nos revelan una faceta de Degas totalmente desconocida. Su familia, sus amigos y colegas están representados en ella a través de los dibujos, grabados, fotografías y monotipos del artista. Además de tres autorretratos poco conocidos, se incluyen representaciones de su padre, de su hermano Achille, o de su leal sirvienta Sabine Neyt, entre otros.

Degas mostró además, un enorme interés en reflejar la vida urbana, su fascinación por la naturaleza humana y las mujeres trabajadoras. Fue sin duda, un gran observador de la mujer. Por eso en sus obras, no sólo aparecen mujeres vinculadas al mundo del espectáculo, sino que también las reflejó en sus quehaceres cotidianos.

Esta cuidada selección de dibujos de Degas se complementa con más de 40 obras realizadas por el entorno inmediato del artista. Obras de artistas tan importantes como Pisarro, Cézanne, Ingres, Toulouse-Lautrec, Ingres o Moreau entre otros. Degas, a pesar de tener una personalidad muy controvertida, se rodeó de un amplio círculo de amigos. Su fama de ermitaño no le impidió conectar con otros grandes artistas, escritores y músicos de su época con los que entabló una amistad muy sólida a lo largo de su carrera, basada en la admiración mutua.

Una interesantísima exposición con una nutrida colección de obras sobre papel realizadas por Degas y cuyos protagonistas son sus amigos y familiares.

En la Fundación Canal hasta el 4 de mayo de 2014.

Regoyos en el Museo Thyssen-Bornemisza: Darío de Regoyos está considerado como el gran pintor impresionista español y cuando se cumple el centenario de su muerte, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta una completa retrospectiva dedicada a su obra, con Juan San Nicolás, especialista en el pintor, como comisario de la misma. La exposición consta de más de 130 obras de este asturiano universal se ha llevado a cabo en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde pudo verse el año pasado. Ambas instituciones han buscado entre sus fondos y junto con los prestamos de otros grandes museos han montado una exposición titulada “D. de Regoyos (1857-1913)” que nos permitirá acercarnos a la obra de este gran artista cuya obra contribuyo a la modernización de la pintura española de principios del siglo XX.

A lo largo de su amplia producción, la pintura de Regoyos tuvo varias etapas: Un primer periodo belga, en el que predominan los retratos y paisajes y en el que el artista muestra su interés por los efectos de luz. Le sigue lo que él mismo denominó la serie España negra, más simbolista. El siguiente periodo está marcado por la técnica puntillista, que conoció gracias a su amistad con pintores como Seurat, Signac o Pissarro. Por último, tenemos al Regoyos impresionista, una etapa a la que la exposición presta especial atención al reunir un importante número de óleos que nos permitirán apreciar las innovaciones que Regoyos aportó a la pintura de la época.

Primeras obras. En 1879 Regoyos viajó por primera vez a Bruselas, donde conoció a los artistas más innovadores del momento. Testimonio de estas relaciones internacionales son los paisajes brumosos de Bruselas y “Retrato de Miss Jeanning” (1885), en donde pinta a una modelo de Whistler, que conoció en una visita a Londres. Pero, además, ya en esta etapa inicial manifestó el interés por los efectos lumínicos pintando sus primeros nocturnos. En “Place à Ségovie” (Plaza en Segovia, 1882) refleja una pintoresca vista castellana bajo la potente luz del sol. Los fenómenos atmosféricos le dan también ocasión para experimentar con la pincelada y el color, tal y como aparece en “Viento sur. Salida de misa con siroco” (1885).

España negra. En 1888 conoció los paisajes y rituales de la España provinciana, más tradicional y en ocasiones sombría, en un viaje junto al poeta Émile Verhaeren, quien a su regreso a Bélgica publicaría en una revista sus impresiones. Diez años después fueron traducidas y Regoyos las ilustró con xilografías, dando como resultado el conocido libro titulado “España negra”. El pintor dedicó numerosos óleos y obras sobre papel a este mismo tema, que hasta comienzos de siglo alternó con los paisajes impresionistas. “Noche de Difuntos” (1886), fragmentado en tres cuadros aquí reunidos, “Víctimas de la fiesta” (1894) y “Vendredi Saint en Castille” (Viernes Santo en Castilla, 1904) son, con su crudo simbolismo, obras muy representativas de esta etapa.

Obra gráfica. Regoyos aprendió la técnica del grabado en contacto con los artistas belgas del grupo Les XX. Realizó sus primeros aguafuertes en 1887 y después trabajó también la litografía. Una de sus series más conocidas es el álbum de 15 litografías “País Basco” (1897), de las que aquí se exponen 11, que regaló a algunos de los artistas españoles más importantes de su época, como Joaquín Sorolla o Santiago Rusiñol.

Puntillismo. En 1887 Regoyos se interesó por el puntillismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras obras de la mano de Seurat, Signac y Pissarro. “Las redes” (1893) es una obra maestra de este periodo, que fue breve debido a que esta nueva técnica le impedía pintar al aire libre. Después, emplearía ocasionalmente, aunque de manera parcial, el característico toque puntillista para conseguir nuevas texturas y matices de luz en sus paisajes. Teorías impresionistas y que, a pesar de la incomprensión de una parte de la crítica, se mantuvo fiel a ellas a lo largo de toda su carrera. Con los maestros De Haes, en Madrid y  Quinaux, en Bruselas, descubrió la paleta clara y la pincelada de toque aplicadas al paisaje, género por entonces aún poco apreciado, pero que, sin embargo, captó toda su ambición como pintor.

El paisaje permitió a Regoyos investigar sobre la luz y sus efectos fugaces y sobre el color. Las salidas y puestas de sol, los días nublados, la luz crepuscular y los nocturnos, los vendavales y aguaceros fueron sus temas preferidos. En obras como “Aguacero. Bahía de Santoña” (1900), “Lumière électrique” (Luz eléctrica, 1901), “El Urumea” (1904) o “La Concha, nocturno” (c. 1906) se hace evidente este interés por reflejar distintos fenómenos relacionados con la luz que alcanza su máxima expresión en la representación de un mismo motivo en dos momentos distintos del día: “Plaza de Burgos por la mañana” y “Plaza de Burgos al atardecer”, ambas pintadas en 1906. El humo y el movimiento de los barcos y trenes, propios de la vida moderna, también aparecen a menudo en su obra, tal y como se refleja en “El puente de El arenal” (1910)

Darío de Regoyos - Los almendros en flor (1905) Óleo sobre lienzo Medidas 46 x 61 cm

Prefería trabajar bajo la luz suave del Cantábrico, aunque pintó también en otras latitudes más meridionales, como en “Salida del sol en Granada” (1911) o “Los almendros en flor” (c. 1905), pintado en Castellón. “Taureaux à Passages” (Toros en Pasajes, 1898) o “El baño en Rentería” (1900) son buenos ejemplos de estos años de plenitud. En 1912, Regoyos se estableció con su familia en Barcelona. Aunque ya gravemente enfermo de cáncer, celebró allí dos exposiciones y pintó también varios paisajes de diversas comarcas catalanas y otras escenas que, cómo ”Los polluelos” (1912), captaba en su entorno más inmediato y varias vistas de la Ciudad Condal, en la que fallecería un año después cuando contaba tan solo 55 años.

Retratos y documentos. En esta última podemos ver cartas, fotografías, libros y catálogos que contribuyen a un mayor conocimiento, tanto profesional como personal de Darío de Regoyos. Los retratos que le hicieron sus amigos, como “Darío de Regoyos tocando la guitarra”, pintado por Théo van Rysselberghe en 1882, nos acercan el lado más humano del artista que mejor representó al movimiento impresionista en la pintura española.

En el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 1 de junio de 2014.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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