Madrid a caballo. Las estatuas ecuestres de la capital. 1ª parte: los monarcas de la Casa de Austria.

Reyes, militares, políticos… incluso Don Quijote de la Mancha, cabalgan a lomos de sus caballos en los parques, las calles y las plazas de Madrid. Forman parte de nuestro paisaje urbano, pero no todo el mundo conoce la historia y las anécdotas que hay detrás de ellas. Hoy intentare contaros algo acerca de la historia y la realización de dos de estas estatuas ecuestres madrileñas: las de los reyes de la Casa de Austria, Felipe III y su hijo Felipe IV, probablemente las dos mejores obras de este tipo que podemos contemplar en la capital del reino.

 La estatua ecuestre de Felipe III en la Plaza Mayor. En el centro de la Plaza Mayor de Madrid, nos encontramos con la magnífica estatua ecuestre de Felipe III, obra realizada en Florencia por encargo de Cosme de Médicis, como regalo para el monarca español. El vaciado en bronce fue realizado por Juan de Bolonia, mientras que los remates y detalles finales, los llevo a buen término Pedro Tacca. Para su realización, los maestros italianos contaron como modelo, con un retrato del rey realizado por Pantoja de la Cruz. La obra finalizada tenía un peso superior a las cinco toneladas y media y fue transportada, no sin ciertas dificultades hasta Madrid, donde sería entregada a Gómez de Mora, por aquel entonces arquitecto Mayor de Palacio. En un primer momento la estatua se instaló en los jardines del Real Alcázar madrileño para, en enero de1617, ser trasladada a los jardines de El Reservado, frente al palacete de la Casa de Campo. Allí permaneció hasta el 22 de marzo de 1848, fecha en que a propuesta de Ramón Mesonero Romanos, que por aquel entonces era concejal de la Villa, la reina Isabel II mandó trasladarla al centro de la Plaza Mayor de Madrid. Este traslado se aprovecho para situar la estatua ecuestre sobre un pedestal de piedra, obra del escultor Sabino de Medina en el que podemos leer la siguiente inscripción:

”La reina doña Isabel II, a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mandó colocar en este sitio la estatua del señor rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituyó a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. Año de 1848”

La escultura desde entonces ha permanecido en esta plaza de Madrid salvo por algunos breves periodos de tiempo: en 1873, proclamada la efímera I República, fue trasladada a un almacén para ocultarla del público, con la excusa de que esta obra representaba a la Monarquía mas absolutista, lo que no era ya del agrado de los madrileños y así evitar posibles agresiones y daños a la misma. En este almacén permaneció hasta se restauró la monarquía con Alfonso XII, cuando fue de nuevo restituida a su lugar de honor. En 1931 tras la proclamación de la II República tras unas simples elecciones municipales el 14 de abril de 1931 la estatua resulto gravemente dañada debido a los ataques de las hordas republicanas y anti monárquicas que, sin contemplaciones de ningún tipo, destrozaron tan magnífica obra de arte.

La Plaza Mayor de Madrid antes de las obras para la construcción del aparcamiento subterráneo.

Tras la Guerra Civil el escultor Juan Cristóbal realizo la restauración que la dejó tal y como la conocemos hoy en día. Si nos fijamos con detenimiento, en el labio inferior del caballo aun quedan huellas de metralla. En mayo de 1970, a causa de las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaza Mayor, se trasladó la estatua al Parque de El Retiro, al jardín de las Estufas, hasta junio de 1971, cuando regreso a su actual ubicación. Y desde entonces sigue allí, en mitad de la Plaza Mayor, presidiendo el ajetreado ir y venir de los madrileños y siendo un destacado punto de encuentro debido a su estratégica situación. Lo que casi nadie sabe es que aquella estatua fue un cementerio de pequeños e incautos pájaros durante siglos. El caballo de Felipe III, hueco por dentro, durante siglos se estuvo tragando a las aves que por su boca abierta se introducían buscando refugio contra el frío, sin poder volver a salir dada la estrechez de la misma y la longitud e inclinación del cuello del caballo, lo que les impedía el vuelo o simplemente caminar hacia el exterior. Los madrileños desconocían la existencia de semejante trampa mortal para gorriones, pero en 1931, al proclamarse la II República, un fanático militante de izquierdas introdujo un petardo de gran potencia por la boca del caballo, el vientre del caballo explotó y para sorpresa de los madrileños allí presentes, empezaron a llover pequeños huesecillos de pájaro, desvelando así la existencia de ese curioso “cementerio de gorriones” como lo llaman Marco y Peter Besas en su libro “Madrid Oculto”.

La estatua ecuestre de Felipe IV en la Plaza de Oriente. Felipe IV, el rey Planeta, quería ser inmortalizado con  una estatua ecuestre que superara en todo a la de su padre, el rey Felipe III. Una estatua especial, algo nunca visto hasta entonces y quiso también que la hiciera el mismo escultor que realizó la célebre estatua de Felipe III. Debía ser también una estatua ecuestre, pero en esta ocasión al galope. Una escultura que sirviera para adornar su palacio del Buen Retiro, un palacio que sin duda era su orgullo y asombro del mundo y que se hallaba repleto obras de arte dado el incuestionable afán coleccionista del monarca. Felipe IV contó con el asesoramiento de su pintor de cámara, Velázquez, y se inspiro en numerosos ejemplos de pinturas ecuestres como los retratos a caballo de Felipe III y su esposa Margarita de Austria, los de él mismo y su esposa Isabel de Borbón o el del hijo de ambos, el príncipe Baltasar Carlos.

Finalmente el valido del rey, el Conde Duque de Olivares, dio la orden expresa de que al monarca se le representara montado sobre un caballo encabritado y andando en corveta. Velázquez mientras tanto había terminado de pintar el retrato ecuestre de Felipe IV, y este sería el modelo que el rey eligió para su estatua. Se enviaron  a Florencia, lugar de residencia del maestro Pietro Tacca, artista encargado de la realización de la estatua, unos bocetos o quizá un cuadro idéntico al que había acabado Diego de Silva y Velázquez en Madrid para el Salón de Reinos a modo de muestra para el trabajo del escultor quien con esta estatua ecuestre inventaría un modelo valido para todo el Barroco, al lograr encabritar al caballo y hacerlo andar en corveta, y puesto que Tacca, desde un primer momento vio la dificultad de hacer una estatua con un caballo elevado sobre sus dos patas traseras como único apoyo de todo el conjunto, utilizó la cola como un tercer punto de apoyo, sencillo, simple pero efectivo. El proyecto constituyó un auténtico desafío para la época, hasta entonces no se había hecho nada ni remotamente parecido y ante las dificultades, finalmente se consulto a Galileo Galilei que fue el encargado de realizar los cálculos para lograr el tan ansiado y difícil equilibrio, aconsejando que la escultura tuviera dos partes, una trasera maciza y otra delantera hueca con el menor grosor posible del bronce, al objeto de conseguir reducir el peso, logrando de esta manera que el conjunto mantuviera el equilibrio. El principal problema se había resuelto.

Pero el monarca no estaba completamente satisfecho. Cuando Tacca envía al rey el proyecto de la obra para su aprobación, antes de pasar a volcado en bronce fundido, el rey aprueba el conjunto pero no está de acuerdo con su rostro, opina que no existe el menor parecido con su persona. Y entonces a Velázquez se le ocurre una solución a tan grave problema, y la decisión de Felipe IV no se hace esperar: se enviará a Tacca una cabeza ya modelada, previamente aprobada por el rey y para ello el pintor recurre a su amigo, el sevillano Juan Martínez Montañés, que por aquella época gozaba de gran fama. Montañés tardó seis meses en terminar la obra de modelado de la cabeza de Felipe IV, y el modelo partió hacia el taller de Tacca en Florencia donde el conjunto fue finalizado el mismo año de su muerte 1640, hecho este que da pie a afirmar que la cabeza de la escultura fue realizada por Ferdinando Tacca, hijo del escultor italiano, algo que explicaría la evidente menor calidad con respecto al resto de la obra. Finalmente sería el escultor Francesco Mocchi el encargado de proporcionar a la estatua ese singular efecto de dinamismo, abandonando las formas rotundas y compactas de las estatuas ecuestres realizadas hasta ese momento y solucionando con un estilo plenamente barroco, la representación del movimiento que se quería conseguir. Tras su finalización, tras 6 años de trabajo, la estatua se situó en uno de los patios del Palacio del Buen Retiro. Posteriormente la estatua, como tantas y tantas estatuas viajeras madrileñas, ha tenido varios emplazamientos. Fue trasladada frente al antiguo Alcázar madrileño, hasta que durante el gobierno de D. Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV, se volvió a situar en el Retiro, un traslado, que el pueblo madrileño con su natural ingenio y socarronería aprovechó para burlarse del valido, tremendamente impopular en tiempos como aquellos de hambruna y carestía. En todos y cada uno de los mentideros de aquel Madrid empobrecido y descontento, se ironizaba a propósito del asunto con los siguientes versos:

“¿A qué vino el Sr. D. Juan? A bajar el caballo y subir el Pan. Pan y carne a quince y once, como fue el año pasado. Con que nada se ha bajado sino el caballo de bronce”

En la primera mitad del siglo XIX, concrétamente en 1843, la reina Isabel II, con ocasión de la remodelación de la Plaza de Oriente, mando colocarla en su ubicación actual, completándose con un conjunto monumental que la rodea . Dos estatuas alegóricas de ancianos recostados sobre dos fuentes con forma de concha, representan a los madrileños ríos Manzanares, obra de Elías Vallejo,  y Jarama, obra de José Tomás. El monumento es una más que evidente exaltación del mecenazgo real. En el pedestal se pueden contemplar dos relieves, obra de Francisco Elías: por un lado Felipe IV imponiendo a Velázquez el hábito de Santiago, y por otro, la alegoría de la protección de Felipe IV a las Letras y a las Artes en el que vemos al monarca siendo coronado por la Fama. Podemos ver la Astronomía con la bola del mundo, la Pintura, la Escultura, la Literatura y la Arquitectura con un compás. El rey está de rodillas y a su lado, Velázquez. En las caras oriental y occidental se sitúan dos lápidas con inscripciones alusivas a la inauguración del monumento, promovido por la reina Isabel II:

“Reinando Isabel II de Borbón. Año de 1844”

Cuatro leones, símbolo de la sabiduría y la fortaleza del Templo de Salomón, fundidos en bronce por Elías Vallejo, situados en las esquinas, rematan el conjunto monumental.

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Acerca de Titinet

No voy a cansaros nada mas empezar. Doy por hecho que vuestro interés no radica en mi persona, sino en lo que a partir de ahora podáis leer en este blog que nace hoy. Así que de mis 55 años de vida, os diré simplemente que soy madrileño de nacimiento y de corazón, que estudie Geografía e Historia y que aparte de la debilidad que siento por la ciudad donde nací, mi gran pasión ha sido siempre y lo seguirá siendo, viajar. Mi padre solía decir que "viajar debería de ser una asignatura obligatoria en todos los planes de estudios" y yo, desde muy pequeño comprendí cuanta razón tenia. Viajar te enriquece, te ayuda a ser mas tolerante con otras culturas, con otras religiones y te ayuda a tener una mente mas abierta y receptiva. Viajar te aporta algo que los libros y las horas de estudio, por mucho que te den, jamas podrá ser igual de enriquecedor. A lo largo de mis muy vividos 55 años, he viajado siempre que he podido, y no ha sido poco. He recorrido prácticamente toda Europa y también he tenido ocasión de viajar a Asia, África y América. Pero por mucho que haya viajado, y tengo intención de seguir haciéndolo, mi ciudad siempre sera Madrid y mi sitio siempre estará aquí. En esta ciudad que me vio nacer y que día tras día me ha ido desvelando sus secretos, contándome sus historias, sus momentos de gloria, sus éxitos, pero también sus miserias, sus dramas y sus fracasos. Una ciudad con un pasado y una historia mucho mas extensa e interesante de lo que muchos conocen. Una ciudad abierta a todos, acogedora y cosmopolita. Una ciudad con una riqueza cultural y humana capaces de sorprendernos en muchas ocasiones. Todo esto es para mi Madrid, y este blog pretende contároslo y haceros participes de la historia y las posibilidades que ofrece esta maravillosa ciudad. Espero que lo disfrutéis. Adelante. Poneos cómodos y sed bienvenidos.
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